Las santas costumbres

October 27th, 2005 Santiago Fenoglio

Karami“Serán suspendidos de sus clubes y no podrán ser citados para la selección aquellos jugadores que usen barbas extrañas, vistan pantalones ajustados, camisetas con marcas occidentales y colgantes llamativos”.

Lo que acaban de leer y que se asemeja a un anacrónico código de disciplina militar; no son más que una serie de obligaciones que la Federación de Fútbol de Irán estableció para los integrantes de su seleccionado.


Iran está disputando las Eliminatorias para conseguir un lugar en Alemania 2006, y los dirigentes de la Federación de Fútbol de ese país hicieron notar su preocupación de que el aspecto de sus futbolistas instale en la gente modos occidentales.

Ali Karimi es un iraní que se desempeña como futbolista en el Bayern Munich, y que por usar el cabello largo, se negó rotundamente a esta norma: “Si la Federación me invita a jugar de la manera que soy, entonces estaría más que encantado de darlo todo por mi selección. Si no, no lo haré”.

No puedo creer que un seleccionado de fútbol se de el lujo de prescindir de su mejor jugador, de su figura, por estas cuestiones un tanto fútiles.

Por estos lados, y no hace más de diez años, el técnico Daniel Pasarella les prohibió a los futbolistas de la Seleccion Nacional Argentina utilizar aritos o portar el pelo largo. Jugadores como Juan Pablo Sorín, Alberto Carranza y Gabriel Batistuta, entre otros, cumplieron con la medida; pero el jugador Fernando Redondo se negó y se quedó sin jugar algunos partidos en la Selección.

Otro caso raro fue lo que le aconteció a un equipo juvenil paquistaní que participaba en una gira por Afganistán en el año 2000, cuando un grupo de soldados talibanes ingresó en la cancha y los arrestó, luego fueron rapados por éstos “porque dejaban ver sus rodillas”, explicaron los talibanes.

Jorge Luis Borges dijo alguna vez con toda su fina ironía que las religiones eran una rama más de la Literatura Fantástica; y Karl Marx opinó que las religiones eran el opio de los pueblos.

Sabemos que existen notorias diferencias entre las costumbres Occidentales y los hábitos musulmanes, pero en estos casos el deporte no hace más que igualar a los hombres. Una vez que suena el silbato y la pelota comienza a rodar no existen diferencias sociales, ni políticas, ni religiosas, ni económicas entre los 22 jugadores.

Creo que la procesión pasa por dentro, simplemente eso quería agregar; da para pensarlo, ¿no?

Archivado en categoría: Alemania 2006

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